¿Qué es el dilema obstétrico? (*)

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Texto original de The Baby Historian.

Traducción de Virginia Eleit.

La gestación, el parto y el desarrollo humano fueron siempre focos de estudio, investigación y discusión. Muchos autores sostienen que el bebé humano nace inmaduro y que debería permanecer en el útero materno durante más tiempo. Pero, ¿qué pasaría si en realidad nacemos de esa manera para desarrollar otras capacidades inherentes a nuestra especie? Este nacimiento “prematuro” ¿es en realidad necesario para el desarrollo cultural?

Esta es una traducción (autorizada por la autora, Aradia Wydham), resumen y adaptación del artículo “What is the Obstetrical Dilemma?”.

Una de las teorías más recientes sobre el dilema obstétrico presenta una disyuntiva entre el hecho de que la pelvis femenina es demasiado angosta para la bipedestación y para soportar la duración de la gestación. Por lo tanto, las mujeres resultan menos eficientes en la bipedestación que los hombres, dan a luz a bebés relativamente más prematuros que otras especies y necesitan asistencia médica especializada para poder parir de manera saludable.

Washburn, en su artículo “Tools and Human Evolution” (“Las herramientas y la evolución humana”), establece que el dilema obstétrico es parte de la conciencia popular. Esa madre lenta, que lleva al bebé en brazos, no puede cazar y, la combinación de la mujer cuidadora de sus bebés vulnerables y el hombre cazador, impuso un patrón fundamental en la organización social de las especies humanas (Washburn, 1960).

A pesar de que el dilema obstétrico fue desacreditado desde 1973, el racismo, la misoginia y la dependencia física de los infantes (que son la base de esta teoría) han permanecido (o aumentado) en la cultura occidental y se han esparcido en todo el mundo.

Esta lógica sostiene que, si la pelvis de una mujer es un problema durante el parto, hay que realizar una cesárea. El aumento de esta práctica elevó la tasa de mortalidad materna. El dilema obstétrico no es solamente científicamente inapropiado, sino que, además, está matando mujeres sanas que tienen tres veces más posibilidades de morir en una cesárea que en un parto vaginal (Mascarelle, 2017).

Es importante saber que hay algo realmente beneficioso sobre nuestra pelvis angosta y el parir bebés con cabezas grandes. De otro modo, no hubiera sido posible que nuestros ancestros evolucionen y nos sigan heredando pelvis angostas a los más de 7 mil millones de habitantes que hay hoy en la tierra. La selección natural favorece al angostamiento de la pelvis para la bipedestación y al nacimiento de bebés con cabezas grandes. Las cabezas de los recién nacidos se deforman durante el parto porque pueden hacerlo y no por que deban hacerlo. Los huesos del cráneo no están unidos hasta una adultez temprana, mucho después de que el cerebro llega a su tamaño final. Por lo tanto, no es una adaptación solo para el nacimiento sino para poder adaptarse al rápido crecimiento del cerebro.

Entonces, ¿por qué nacemos con menos meses de gestación respecto a otras especies?

A pesar del pequeño cerebro al nacer, los recién nacidos humanos no necesitan una gestación “extra”, en realidad, comparados con simios más precociales, los humanos gestan por más tiempo y dan a luz a recién nacidos proporcionalmente más grandes.

Entonces, hay ciertas restricciones en cuanto al tamaño de la cabeza y el desarrollo, pero el tamaño de la pelvis no tiene nada que ver con ello.

En vez de considerar las limitaciones y la vulnerabilidad del recién nacido como algo negativo, deberíamos tener en cuenta los beneficios y apreciarlos.

A menudo, la comparación es entre los recién nacidos y los chimpancés. Para que nuestros bebés nazcan tan precociales como los de un chimpancé, necesitarían permanecer en el útero unos 16 o 18 meses. Imaginemos perdernos 9 meses de la vida de nuestros bebés solo por mantenerlos más tiempo en la panza y, aún más importante, pensemos en lo que se estarían perdiendo de experimentar. Les doy una pista: mucho aprendizaje. En especial, aprendizaje social.

Como físicamente somos especies bastante débiles, necesitamos de la tecnología para sobrevivir y la tecnología proviene de la cultura, construida, a su vez, por otras personas. Nacer con una mente débil, pero inteligente y con sentidos bien agudos, pero físicamente incapaces, obliga a que el recién nacido esté rodeado de otras personas para cuidarlo de manera permanente, y de esa forma, puede aprender sobre su cultura y sobre lo que lo rodea.

Como especie, gestamos el tiempo que necesitamos gestar y parimos de manera tal que necesitamos a otras personas para que nos cuiden. Nuestras crías nacen con una mezcla perfecta de inteligencia y vulnerabilidad para asegurarnos un aprendizaje social permanente y un crecimiento cerebral lo suficientemente rápido.

De la dependencia de los cuerpos a la autonomía de sostén y de apoyo (*)

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(*) Por Silvina M. Aiello: Psicomotricista. Consultora en Porteo CEB.

En el devenir del desarrollo, el bebé pasa de la indiferenciación y dependencia del adulto a una construcción progresiva de diferenciación y autonomía de los cuerpos. Esta dependencia se debe a que el cachorro humano, a diferencia de otros mamíferos, necesita de un tiempo de maduración y desarrollo que se realiza fuera del útero materno, y precisa inevitablemente del vínculo humano, relación atravesada por el lenguaje. Estas primeras relaciones son esencialmente relaciones corporales, en las que el contacto con el cuerpo del adulto toma entidad de necesidad vital.

Daniel Calmels, psicomotricista y escritor argentino, plantea justamente que “una necesidad básica del recién nacido es el sostén materno, necesidad de marcada importancia con relación a otras, fundamentalmente porque el nacimiento se caracteriza por un pasaje del organismo de la madre al mundo externo, con la consecuente pérdida del entorno envolvente que lo sostenía” (Calmels, D., 2001). Y desarrolla una diferenciación interesante entre los términos “sostén” y “apoyo”, que nos permiten pensar el desarrollo del bebé y, junto a él, la función del porteo como acompañamiento de ese desarrollo singular.

Para el autor, el apoyo refiere específicamente al “contacto, fuente de información a partir del roce, de la presión, de la acomodación del cuerpo sobre las superficies” (Calmels, D., 2010), que está dada en esta primera etapa principalmente por el contacto con el cuerpo de quien lo sostiene. Por su parte, el sostén pone en juego “el lazo de unión con el otro”, está referido a la postura humana. “En el niño de brazos, sostén y apoyo se amalgaman”, por lo que es más pertinente hablar de sostén de apoyo. “El niño no puede sostenerse, o sea, variar y mantener una postura por sus propios medios. En este sentido, sostener es mantener firme, dar respaldo y continencia (referido aquí a quien no lo puede obtener por sus propios medios). Apoyar, en cambio, sería brindar espacios de contacto para que el sostén pueda desarrollarse. En la medida en que el niño puede sostenerse por sus propios medios, sus apoyos varían” (Calmels, D., 2012).

En la práctica del porteo, los contactos están dados por el cuerpo del adulto y la tela como extensión corporal, sosteniendo al bebé en posición erguida y, por lo tanto, configurándose un tipo de contacto que está dado por la suspensión del cuerpo del bebé entre la tela y el tronco del porteador. Mientras más pequeño sea el bebé, conforme su desarrollo, mayores deberán ser los puntos de contacto con el portabebé, evitando efectos no sólo en tanto forzamiento del sistema óseo-músculo-articular, sino también a nivel de la organización tónico-postural y motriz.

A medida que el bebé crece, las necesidades y demandas de contacto y de movimiento se van transformando: los modos de sostén (del pecho del adulto al brazo, a la mano, a la  mirada o a la presencia de la voz) ya no están basados en contactos de apoyo, pues al mismo tiempo la base de sustentación se va reduciendo (de los brazos de la madre, a la cuadripedia, a la sedestación, a la bipedestación, inclusive a la posibilidad de saltar, que implica la pérdida de los apoyos).

Es por eso que cuando hablamos de porteo tenemos que pensarlo desde un punto de vista dinámico, en movimiento constante, como sucede con el desarrollo mismo. La dirección del desarrollo propone el pasaje de una relación de dependencia corporal del adulto, a una progresiva autonomía de sostén y de apoyo.

Calmels, Daniel (2010). “Juegos de crianza. El juego corporal en los primeros años de vida”. Editorial Biblos, 3ra. edición. Buenos Aires, Argentina.
Calmels, Daniel (2012). “Del sostén a la transgresión. El cuerpo en la crianza”. Editorial Biblos, 3ra. edición. Buenos Aires, Argentina.