Biomecánica del porteo: posición del bebé (*)

Escrito por el Dr. Andrew Dodge, DC

Texto original en inglés en: http://onyababy.com/2012/09/babywearing-baby-positioning/

De qué manera llevar a tu bebé puede ser desconcertante algunas veces, y hasta puede ser un tema de controversia. Existen tantos portabebés en el mercado como posiciones diferentes para portear un bebé. Este artículo se basa en la biomecánica y en el desarrollo de la columna y cadera de tu bebé y en cuáles serán los portabebés y las posiciones que se adapten mejor a este proceso. También voy a hablar de los efectos psicológicos y neurológicos que ciertas posiciones tienen sobre el desarrollo del bebé.

Mientras está dentro de la panza, el bebé se encuentra completamente flexionado en posición fetal; sus rodillas y cadera están flexionadas y su columna, forma una C perfecta. Después de varios meses desde el nacimiento, las articulaciones del bebé se relajan y los músculos posturales extensores comienzan a adquirir fuerza. A medida que el bebé crece y adquiere más fuerza para sostener la cabeza, se desarrolla la curva cervical en la columna (en el cuello). También, a medida que comienzan a gatear, los bebés desarrollan la curva lumbar (en la espalda baja). Estas curvas le dan la estructura óptima para el movimiento, para realizar actividades que requieran soportar peso, y para el desarrollo neurológico apropiado.

Cuando pensamos en qué posición portear a nuestro bebé, es importante tener en cuenta este desarrollo. Colocar al bebé en posiciones que dificulten su estabilidad demasiado temprano o que arqueen demasiado la columna, o no la arqueen en lo absoluto resulta determinante para su desarrollo. Presión excesiva o anormal en algunas áreas de la columna vertebral puede provocar cambios tanto estructurales como neurológicos.

Según diversos estudios, el exceso en la curvatura lumbar o la hiperextensión pueden modificar la biomecánica de los huesos y articulaciones en la espalda baja, generando inestabilidad (por ejemplo, espondilolistesis). En los niños, la inestabilidad en la zona lumbar puede afectar el control nervioso y muscular en el intestino, vejiga y los músculos del suelo pélvico. Todo esto podría tener efectos en la habilidad del niño para reconocer y controlar esfínteres. Además, si hay un aumento en la curvatura en alguna sección de la médula, habrá un cambio en la curvatura o estructura ósea en otra parte para compensar y lograr el balance. Esto podría contribuir al desarrollo de la escoliosis.

Si hay modificaciones en las curvaturas de la columna, habrá alteraciones de movimiento, presión y tensión en las uniones vertebrales, en los músculos y en los ligamentos. Estos cambios afectan la transmisión neurológica desde estas áreas hacia el cerebro, lo que altera, a su vez, el crecimiento, desarrollo y tamaño del cerebro, y perjudican, de manera predominante, las vías secundarias de programación motora. Esto significa que las áreas cerebrales que controlan el aprendizaje y la ejecución de movimientos serán anormales y, por lo tanto, los movimientos en sí mostrarán estas anormalidades.

Además del desarrollo estructural y neurológico de la columna, también se debe tener en cuenta el desarrollo de la cadera del bebé. Al nacer, las uniones de la cadera aún no están completamente desarrolladas. Son articulaciones planas con escasa estabilidad. A medida que el bebé crece, la articulación se vuelve más cóncava y más estable. Con la posición correcta de cadera y pierna, la cabeza del fémur hará presión en el ángulo correcto de la articulación de la cadera para hacerla más profunda y así formar  el acetábulo. Este es el procedimiento por el cual la articulación de la cadera pasa de ser plana a una articulación profunda y muy estable que permite al bebé ponerse de pie, caminar y correr. Si esta articulación no se forma de manera correcta y permanece plana, la cabeza del fémur tiene más posibilidades de deslizarse por fuera de la articulación; a esta condición se la conoce como displasia de cadera. Durante este tiempo de desarrollo, hay posiciones que son mejores que otras ya que favorecen el crecimiento correcto de la cadera. También hay posiciones que aumentan el riesgo de displasia.

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Teniendo todo esto en cuenta, hablemos de posiciones de porteo. Lo más importante es tomar las precauciones necesarias para que sea seguro, como por ejemplo,vigilar siempre que la salida de aire no esté bloqueada  y controlar a los niños siempre de cerca, sin importar la posición en las que los porteemos. También, con bebés recién nacidos, que aún son completamente flexibles, lo ideal es mantenerlos en portabebés que sean maleables y seguros. Por lo general, esto se logra con una bandolera de anillas o con un fular en posición pancita con pancita. (Aquellos fulares que son elásticos pueden no brindar un buen soporte en la cabeza y en el cuello, algo que el bebé logra por sí mismo entre los tres y cuatro meses de edad).

Para darle un buen soporte a la cadera se pueden emplear dos posiciones diferentes. La primera es la posición de ranita con el peso sobre su colita. Esta posición mantiene las rodillas y la cadera flexionadas sin separarlas demasiado. El punto a tener en cuenta con respecto a esta posición es que el peso no recaiga en los pies. La segunda posición para portear al bebé es mantener la apertura de piernas del bebé a la misma altura que la pelvis con los tobillos en línea con las rodillas y pies por fuera. Esta opción ha sido una recomendación confusa del instituto de porteo “Babywearing Institute”, ya que muchas veces se malinterpreta. Sin embargo, esta recomendación sobre las piernas y pies extendidas por fuera es diferente a la posición en la que se llevará a un niño mayor (explicación más abajo). En vez de extender las piernas del bebé y envolverlas alrededor del cuerpo del porteador, las piernas del bebé están completamente flexionadas y abiertas al mismo ancho que la pelvis. Con el fular meciendo al bebé desde detrás de sus rodillas, por encima de la colita y espalda, los pies permanecen por fuera. Se pueden ver más ilustraciones de este tipo de posición en la página web del instituto “Babywearing Institute” y en jeportemonbebe.com.

A medida que el bebé crece, desarrolla más estabilidad y puede, entonces, expandir mejor las articulaciones de su cadera de manera natural. Esto les permite aferrarse al porteador rodeándolo con sus piernas. En esta etapa, la posición óptima para el desarrollo de la columna y la cadera es cuando el bebé se sienta en el portabebés con las rodillas flexionadas en cuclillas. Esta posición se logra fácilmente al frente (pancita con pancita), y a la espalda. Con tantas posibilidades de nudos, posiciones y portabebés, la decisión final se trata de una preferencia personal.

Existen algunas posiciones que se tornaron más controversiales entre los porteadores. La primera de estas posiciones es al frente con un asiento demasiado angosto para el bebé. Estos portabebés no se recomiendan por varias razones. La primera es que estos portabebés hacen que la articulación de la cadera quede hacia abajo, lo que provoca que las rodillas estén en una línea por debajo de la cadera. Esta posición evita que la articulación de la cadera quede en el ángulo apropiado para el desarrollo óptimo de la articulación. Este tipo de portabebés podría predisponer al niño a desarrollar displasia de cadera, lo que no significa que todos los niños porteados en ellos desarrollarán esta condición, pero sí podrían contribuir en el proceso.  Además, en estos portabebés no ergonómicos, todo el peso del bebé se descarga en los huesos del pubis.

Es como si te sentaras en una bicicleta con tus piernas colgando por los costados en una bajada llena de pozos. Quizás no sea igual de incómodo para el bebé ya que el pañal amortigua un poco y tienen menos sensibilidad que un adulto en esa región de su cuerpo, aunque, después de un tiempo, de seguro se volverá muy incómodo y alterará la estabilidad, alineación, formación y desarrollo de los huesos púbicos y de la cadera. Por último, con todo el peso del bebé que recae sobre su hueso púbico y sus piernas colgando a los lados, la parte baja de la columna vertebral estará forzada a mantener una hiperextensión. Como ya lo hemos explicado, esto no es para nada bueno.

La segunda posición controversial es con el bebé de cara al mundo, mirando hacia el frente. No se recomienda esta posición por varias razones también. Una de ellas es que tiene implicaciones biomecánicas. Es extremadamente difícil e incómodo para el porteador lograr la flexión de las piernas en cuclillas cuando el bebé se encuentra mirando hacia el frente, lo que genera que la mayoría de los bebés porteados en esta posición vayan con las piernas colgando a los costados, o hacia adelante, y esto provoca una hiperextensión en la parte baja de la columna. Si el porteador logra la flexión correcta de las piernas, con las rodillas por encima de la línea de la colita, podría resultar en una buena posición de la espalda baja. Sin embargo, como la espalda del bebé está apoyada sobre el torso de quien lo lleva, la curva en forma de C en la parte media de su espalda quedará aplanada, lo que ocasionará una presión extra en sus costillas, y modificará la estabilidad y la curvatura en el cuello del bebé. En realidad, esta podría llegar a ser la mejor posición si es que decides portear a tu bebé mirando hacia el frente, aunque en realidad, no existe una buena posición cuando se lleva al bebé de cara al mundo. (Un nudo alto a la espalda, o a la cadera puede lograr una excelente posición para que tu bebé vaya observando todo, si es que es lo que buscan-¡al igual que mi pequeño!). A pesar de que este sea el argumento más fuerte para no llevar al bebé de frente, existen otros puntos a tener en cuenta. A nivel neuronal, es demasiada estimulación del entorno para el bebé, estimulación de la que no puede “escapar” o esconderse si es que está de frente. Esto podría afectar de manera negativa en el desarrollo emocional y neuronal del niño. Cuando se portea al bebé en la espalda o en la cadera, es más sencillo notar las señales que intenta enviar, y también se puede notar que el bebé vuelve su cabecita hacia su porteador cuando la estimulación es demasiada. Además de los beneficios biomecánicos y neurológicos de llevar al bebé pancita con pancita, existe también una enorme cantidad de razones psicológicas para hacerlo, en especial con los recién nacidos. En esta posición, el bebé precisa menos oxígeno y puede conservar mejor su energía, puede digerir mejor, y puede regular mucho mejor la temperatura de su cuerpo.

En resumen, existe una gran cantidad de opciones para decidir cómo y por qué portear a tu bebé. Cada uno debe hacer lo que considera mejor para su bebé y para sí mismo. Siempre les digo a mis pacientes: “las decisiones que uno toma son de uno. Sólo quiero que estén informados y sepan el porqué de las decisiones que toman. Sin importar qué decisión tomes, lo importante es estar informado”.

Elegí bien el portabebé, porteá bien a tu bebé.

¡Feliz porteo!

(*) Texto traducido por KUYU y reproducido en esta página con la autorización de sus autores. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización expresa de los autores.

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